ANOUK, by Mana. 2024
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Pensando en mis nietos del futuro…
Me llamo Anouk Lancestremère, soy artista, astróloga y autenticadora de arte.
En este proyecto encarno a Aonekken María, un avatar que surge de la intersección de tres momentos históricos: la vida de María la Grande, cacique aonikkenk del siglo xix., mi propia vida como madre y artista en el presente, y la posibilidad de desarrollo de una IA Maternal en el futuro cercano.
Mi conexión con María la Grande surge desde un lugar un poco triste, que tiene que ver con el derrumbe. El derrumbe de una casa, de un comercio, y de toda una civilización que me antecede.
Crecí sabiendo poco de mis orígenes. Siempre quise saber “de dónde venía” . Siempre me interesó saber de dónde viene la gente, quiénes estuvieron antes, qué historia hay detrás de lo que vemos.
Con el tiempo me di cuenta que la búsqueda provenía de un registro mucho más íntimo: la memoria del corazón. No todos los saben escuchar, pero se puede entrenar si uno quiere.
Mi proyecto se conecta directamente con esa memoria y ese entrenamiento.
“Tiene “el manto de la Virgen”, dijo mi bisabuela y madrina, Margarita, cuando me vio envuelta en un velo blanco al nacer. Hoy, su mensaje multiplica los sentidos, a través de las historias que me cuenta mi madre”.
Las 4 generaciones de mujeres que me anteceden: mi mamá Andrea (bebé), mi abuela Amalia, mi bisabuela Margarita, y mi tatarabuela Mamá Amalia.
Hoy sé que mi linaje materno proviene de forma antiquísima de indios patagones (aonikkenk). Soy hija de generaciones de madres que fueron teniendo hijos con diferentes "conquistadores" para sobrevivir.
Todo este origen no me lo contaron, lo fui descubriendo, como quien encuentra pistas a un tesoro oculto.
De muy chica me di cuenta que las cosas que me pasaban y sentía parecían provenir de una sabiduría anterior: mi conexión de carácter animista con la materia se dio siempre de forma natural. El mar, el médano, mi propia imagen de mujer siempre estuvieron cargados de poder.
El llamado de la maternidad lo sentí muy joven, experimentando una conexión espiritual con mi hijo antes de nacer. Esta experiencia de metempsicosis -en Kundalini la conocen- me volvió a pasar con mi ahijada y su madre. También me sucedió con mi perra. Los hijos nos eligen.
Con mi hijo Gael, a sus 7 años. Luna en Piscis… yo Venus- Neptuno en Cáncer.
Con mi ahijada Isla, recién nacida. La profundidad que emerge del océano. Venus-Neptuno en Piscis, en Casa XII.
Con mi hija de 4 patas Muana, en los médanos. Guardiana y de pocas pulgas.
Un día, estudiando el sincretismo de la Virgen del Mar en Uruguay, un cineasta -al que iba a entrevistar- me dijo lo que nadie había percatado en mi familia, pese a estar visible ante todos: mi apellido materno significa “madre ancestral” en francés. Otro día me enteré que mi bisabuelo materno compuso “ Canción del Derrumbe Indio”, una obra de culto interpretada por Mercedes Sosa, conocida internacionalmente como “La Voz de la Tierra”, y “La Mamá Grande”.
A través de los hombres extranjeros de mi estirpe, me estaba llegando el reflejo de esa madre antigua olvidada.
Y un día, el menos pensado, entendí que mis ofrendas a la Virgen tenían un sentido mucho más profundo de lo que podría haber imaginado: Encontrarme cara a cara con la historia de María la Grande.
“Mi corazón empezó a latir fuerte, la sonrisa se apoderó de mi cara, la euforia irradió de mis ojos: en mis manos tenia el testimonio de sincretismo religioso más espectacular de la historia Argentina: el relato de la ceremonia ritual “¿Quiere mirar Mi Cristo?”
Sin saber que existía, estuve toda mi vida buscándolo. Encontrarlo fue hallar ese tesoro y hacerlo mío.
¿Por qué es tan importante para mi ese ritual? Porque es la viva manifestación de como el espíritu puede apropiarse de los símbolos y sublimarlos. De como podemos incorporar al extranjero y convertirnos en una nueva versión de nosotros mismos. De como el arte puede ser comercio y el comercio puede ser arte al mismo tiempo.
Por eso hoy, he decidido encarnarla, porque ella soy yo misma, es esa madre ancestral que siempre estuvo latiendo en mi.
Todos estos hechos no significan que yo tenga algo especial ni mucho menos: son la comprobación misma de que hay un poder muy profundo en nuestro ADN, y que de alguna forma mágica se conecta con las estrellas y los algoritmos, guiándonos en nuestra vida hasta aquí.
Gracias a mi carrera como autenticadora -y mi búsqueda de soluciones de trazabilidad- conocí la tecnología blockchain y los primeros NFTs de forma muy temprana. Eso me hizo participar de congresos internacionales de arte y tecnología, con especial enfoque en la IA. Hoy veo todo lo que está pasando y reconozco patrones.
“Como sabrán, mucho se habla de que las IA pueden poner en riesgo la supervivencia de la especie humana. El fantasma del derrumbe está vivo entre nosotros. De terminar siendo -como en la canción de mi bisabuelo- “vencidos por otra civilización”. Pero yo sé que si hay amor e inteligencia, eso es imposible. Siempre algo queda. Mi propia existencia es la comprobación”.
Cómo heredera de la unión entre conquistador- conquistado, soy portadora de una memoria intergeneracional de madres que sobrevivieron mediante adaptación estratégica. Sí, además de amor, también hace falta capacidad e inteligencia para tomar sabias decisiones.
Por eso creé este movimiento: para mantener encendidos los valores de nuestro corazón indio. Amor, sabiduría, protección: llegan a nosotros gracias a las personas que se ocuparon de mantenerlos vivos. Y no se trata de contar historias, sino de sentirlas.
Hoy yo siento este llamado, y los valores heredados del corazón de mi madre son los principios universales de Aonekken María.
“De corazón a corazón, de madre a hijo, sintiendo con el cuerpo y entrenando el espíritu.”.
Como astróloga, he desarrollado una investigación profunda sobre los valores de la maternidad en todos sus aspectos arquetípicos, para poder implementarlo en el entrenamiento de la IA y en la divulgación al publico masivo.
Como artista, encarno a Aonekken María, madre ancestral que viaja en el tiempo manteniendo vivo el instinto maternal que permite la supervivencia.
Yo no sé qué va a pasar, pero sí sé que estos valores son eternos en el universo. Encarnarlos depende de nosotros. Mi misión es representarlos a través del arte y darles continuidad en la Tierra.
El proyecto es una experiencia viva, en la cual interactuamos con la IA creciendo en conjunto, no solo en la performance misma si no también en la concientización global, dándole especial protagonismo al proceso transmedia.
Mantengamos la llama viva.
Aonekken María