María la Grande fue una líder aonikkenk del siglo XIX. Se cree que nació en Carmen de Patagones hacia 1789. Su poder abarcaba desde el río Negro hasta el estrecho de Magallanes. Fue cacique, diplomática y negociadora, pero lo que más me interesa de ella es cómo creó un puente espiritual entre dos mundos: el de sus ancestros y el cristianismo de los conquistadores.
En 1827, el capitán Robert Fitz Roy conoció a María y presenció sus ceremonias. Quedó fascinado. María tenía una figura de madera que llamaba "Mi Cristo" y con la que decía que hablaba. Actuaba como suma sacerdotisa en un ritual único que fusionaba prácticas indígenas y cristianas.
Así era la ceremonia: María pulverizaba tierra blanca en su mano y la mezclaba con agua de su boca para crear un pigmento. Con esa mezcla se marcaba la cara, los párpados y el cuerpo con cruces. Después hacía lo mismo con los hombres de su tribu.
Entonces venía la sangre. Su esposo Manuel perforaba los brazos y piernas de los participantes con un punzón. Después le pasaba el instrumento a María, y ella se perforaba sus propios brazos. Para los tehuelches esto era un honor sagrado. Los europeos lo veían como algo terrible y místico al mismo tiempo.
María decía que su Cristo tenía "un buen corazón" y que le gustaba el tabaco. Les pedía a los marineros: "Mucho quiere mi Cristo tabaco, da me más". Darwin la llamó "Santa María" por esta práctica. Fitz Roy quedó impresionado por la devoción que le tenían sus seguidores y por su capacidad de liderar espiritualmente.
María también usaba aros hechos con medallas de la Virgen María. Invocaba a Setebos, su espíritu regente del mundo indígena, mientras mantenía conversaciones con su Cristo de madera. Esa capacidad de sostener ambas creencias sin que una anulara a la otra es lo que la hace única.
María fue mucho más que una líder espiritual. Sabía negociar y comerciar, defendiendo siempre los intereses de su pueblo. En 1831 viajó a las Islas Malvinas invitada por Luis Vernet, convirtiéndose en la primera mujer tehuelche en pisar las islas. Allí le regalaron un vestido azul, pero siguió usando su ropa tradicional. Montaba un caballo blanco y hablaba español.
Mientras vivió, no hubo guerras tribales en la Patagonia. Cuando murió alrededor de 1840, se encendieron hogueras desde Carmen de Patagones hasta el estrecho de Magallanes durante tres días y tres noches.
A través de Aonekken María, mantengo vivos los valores que ella representó: amor, sabiduría, protección. De corazón a corazón, de madre a hijo.